28/8/2021
Del mal de la hipocreśía
Juan Granados Valdéz
Un ensayo acerca de la verdadera naturaleza de la hipocresía, su experiencia y el verdadero mal que ésta arroja sobre nuestra existencia.
Según cierta tendencia psicologicista aceptar que se es hipócrita mejora la salud mental. No se trataría de evitar la hipocresía, entonces, sino de aceptarla como constitutiva de la personalidad y, por ende, seguirla practicando.

La hipocresía, también, es un recurso político, es decir, se la requiere en y para la diplomacia. La hipocresía se practica, pues, institucionalmente, como un bien a varios niveles políticos de las relaciones públicas. Este uso se puede extender, incluso, a lo que puede llamarse diplomacia interpersonal. Esto es, ya que la convivencia y la interacción o trato son inevitables, la hipocresía sirve para evitarse problemas innecesarios entre unos y otros. Así se politiza la vida diaria.  La hipocresía resulta entonces útil, esto es,sirve a un propósito. Así se introduce en el trato diario con otros la política, y con ella, la mentira. Y el problema está en que la mentira toma el lugar de la verdad. Pero ¿puede aceptarse así, sin más, la hipocresía?

 

Experiencia de la hipocresía

Para el que indaga la hipocresía es también una experiencia personal interna, esto es, el que investiga ha sido, también,alguna vez, hipócrita. Pero la hipocresía que ha movido a indagar sobre ella es la de otros. Se la ha descubierto como externa por medio, y, en primer lugar,de los sentidos. Es decir, he oído decir, he visto hacer y entre lo dicho y lo hecho he notado contradicción. Lo dicho y lo hecho se contradicen. Se incluyen como comportamiento de alguien, pero en relación con su pensar o sentir máspropio, uno es falso y otro verdadero. O lo dicho es verdadero o es falso, pero no los dos. El hipócrita miente con lo que dice o con lo que hace. Entonces oigo, veo y noto la hipocresía en otros. También la siento y la imagino. No me gusta que sean hipócritas conmigo. Me desagrada. Me decepciona descubrir la hipocresía. Me imagino lo que pueda ser la verdad. Me represento a mí mismo siendo hipócrita. Recuerdo cuándo he mentido. Y en ello empiezo a entender por qué lo he hecho y por qué se hace. Se es hipócrita para no quedar mal.

 

Lo que más nos decepciona de los otros es la incoherencia de su comportamiento. O lo que más decepciona a los demás de nosotros, es la incoherencia de nuestro comportamiento. Descubrir, pues, en algún momento la hipocresía de nuestros allegados es siempre decepcionante y doloroso. Desanima. Es decir, afecta el ánimo, lo turba. Y esta afectación es señal de un mal recibido. Y lo peor es descubrir que su hipocresía nos lleva a ser hipócritas, a actuar como ellos. Además, y con esto cuestiono su uso político y la politización de la interacción diaria, en política se confunde la verdad con lo útil, no se distinguen la una de lo otro. La política es el reino de la mentira[1]. Se ejerce el poder para mantener el poder. La hipocresía es así un instrumento de fines, a leguas, egoístas. El mal o es recibido o se hace. Y este es peor[2].La hipocresía es mala. Daña tanto a quien la practica como a los miembros de la sociedad en la que se vive.

 

La hipocresía hace al hipócrita. Este se comporta hipócritamente. La hipocresía es, pues, un comportamiento, una conducta. Uno se comporta porque actúa o efectúa alguna acción según ciertas inclinaciones o principios. Es una conducta porque al actuar o hacer uno se conduce (se lleva...) de tal o cual manera, intuitiva o intencionalmente. El comportamiento como tema (objeto de estudio) es asunto de la psicología, la ética, la filosofía política y la religión. La psicología describe las motivaciones anímicas. La ética cuestiona los valores y evalúa la bondad o maldad de los actos en relación con los otros. La filosofía política lo atiende en relación con aquel que ejerce el poder, según sea justo o no. La religión señala la relación que guarda con Dios.

 

Contextos de la hipocresía

 

La hipocresía se define nominalmente como el “ fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. El fingimiento significa “simulación, engaño oapariencia con que se intenta hacer que algo parezca distinto de lo que es”. Simular tiene la acepción de “representar algo, imitando lo que no es”. Engaño se entiende como “falta de verdad en lo que se dice, hace, cree, piensa odiscurre”. La hipocresía, así, es un tipo de mentira.  

La palabra griega «hipócrita», traducida al latín por «simulator», significa a aquel que, malo por dentro, se hace pasar externamente por bueno. La palabra se compone de «hypo», que significa «falso», y «crisis», cuyo sentido es «juicio». La palabra hipócrita se toma de los actores antiguos. En el teatro iban con el rostro cubierto o con una máscara o con maquillaje colorido, para recordar a cierto personaje. Este, según el papel a representar, podía ser unas veces hombre, otras, mujer[3]. En la llamada Antigüedad tardía los teatros eran parte de la ciudad. En África había muchos. Su parte más visible era el auditorium.Las puestas en escena eran diversas según el género. El cómico, por ejemplo, llevaba calzado coturno; utilizaba una máscara fabricada con papeles estucadosy prensados en un molde. El cartón piedra era cubierto con yeso. Los detalles de boca, labios y cejas eran subrayados por colores vistosos. Una apertura, a menudo desmedida, permitía la emisión de la voz. Al cómico se lo llamaba hipócrita.[4] Los hipócritas son simuladores, porque representan a personas distintas, hacen de lo que no son, a la manera como los actores o comediantes lo hacen en los teatros y las fábulas. Quien hace, en el escenario, de Agamenón no es tal,aunque finge serlo. Así, en la vida diaria, quien aparenta voluntariamente lo que no es, es un hipócrita. Puede fingir ser, por ejemplo, justo, aunque no lo sea[5]. El cómico y su parafernalia pueden ser el paradigma de la hipocresía. Como el acto es voluntario, se descubre la intención de engañar y muchas veces ésta tiene como fin el perjuicio de otro, a pesar de que lo común sea justificarla en función de que lo que realmente se busca es el propio beneficio. El hipócrita es el que hace un juicio falso. El hipócrita simula, actúa respecto a sí mismo,exagerando. Se hace pasar por bueno externamente,siendo malo internamente.

 

“Donde no hay virtud hay jactancia e hipocresía, y donde hay hipocresía hay mentira”[6]. La jactancia es un vicio, un hábito malo que cualifica, por eso se dice también que es un defecto que se reconoce en quienes presumen y alardean voluntariamente de sí y de sus cualidades.La noción jactancia está entre dos campos semánticos sinonímicos, el de lapresunción y el de la afectación. Se relaciona con la presunción, la vanagloria, el engreimiento, la vanidad, la inmodestia, la petulancia, la pedantería, el alarde, la suficiencia y la necedad. Se relaciona con la afectación, el fingimiento, el doblez, el disimulo y el artificio. Por ello la hipocresía acompaña y llega a identificarse con la jactancia. El que alardea de sí y de sus cualidades lo hace con afectación, esto es, exagera. La exageración es un modo de disimulo, fingimiento, de doblez. Se dice una cosa, pero se piensa y se es otra, al menos, de diferente nivel. Y esto es la hipocresía. Y donde hay hipocresía, hay mentira, ya que ésta la dice quien dice una falsedad con voluntad de decirla[7],aunque sea por jactancia, esto es,sobrepasando los límites de la verdad[8]. La hipocresía es la ficción que se pavonea de la propia dignidad, pero escondela fealdad interior. El hipócrita, por tanto, ambiciona los honores, peroconsigue una gloria totalmente vacía[9],pues no se debe a lo que es, sino a lo que pretende ser.  

 

El perfil psicológico de un hipócrita se compone de seis características. La primera es que su moralismo es explícito, pero inconsistente. El hipócrita, sin remordimiento, se aprovecha de la moralidad vigente de tal manera que, sin cumplir las normas, apela a ellas o exige su cumplimiento cuando se trata de los otros. Esto le da una ventaja competitiva. La segunda característica es la falsa afabilidad. El hipócrita finge un interés por la vida de los otros, con lo que se hacen rápidamente de capital social, esto es, de simpatía de muchas personas. La tercera es la del contacto social mínimo hasta que llega el favor. El hipócrita tiene amistades para aprovecharse de ellas tan sólo cuando requiere de un favor, es decir, es oportunista. La cuarta característica es hacer gestos de amabilidad inútiles. El hipócrita busca seducir a los otros con gestos inútiles, como querer pagar una cuenta cuando ya lo ha sido por otro, así se evita los inconvenientes derivados. La quinta, la más comúnmente identificada como tal, es la doble cara o el enmascaramiento. El hipócrita se muestra como amigo de alguien, incluso lo alaba, en cierto momento, pero a sus espaldas, esto es, cuando no está presente, aprueba las críticas o burlas contra esa persona, haciéndose su cómplice, aun si no son justas. La sexta característica es la de las desapariciones cuando se toca fondo. El hipócrita está presente cuando todo va bien, pero, cuando no, desaparece. El hipócrita es (o puede ser), además,arrogante, déspota y controlador. Es arrogante porque trata con menosprecio a quienes no están presentes; no presta atención a las opiniones ajenas; alardea gratuitamente; y se muestra cruel con los más tímidos. Es déspota porque abusa de su superioridad y se caracteriza por buscar la validación de los otros; no admitir sus errores, compararse con los demás; cambiar de humor con frecuencia; ser egoísta; sentirse con el derecho a tenerlo todo; y querer que todo esté bajo su control. Es controlador porque maneja bien los marcos mentales; actúa como si conocieran la esencia de la persona controlada; actúa con paternalismo; busca aislar socialmente al otro; no busca cooperar, sino apoyo incondicional ;cree tener derecho a entrometerse en todo; habla de un “bien común” para tomar decisiones por el otro; y aplica sobre otros criterios de perfeccionismo extremo.

 

La descripción del perfil psicológico del hipócrita es claramente aplicable al político. Las características que perfilan a uno también lo hacen con el otro. La hipocresía política más reciente e identificada con quienes se involucran con la política, desde muy jóvenes o ya tardíamente, tiene su antecedente en los cortesanos y los burgueses. Estos, con la Revolución francesa, se convirtieron en una clase social. La hipocresía no solo se predica de los individuos, sino, también, de las clases (sociales), de las sociedades y de la cultura. De la clase burguesa se dice que es hipócrita. Aparenta. Antes de ni siquiera describir la hipocresía de la burguesía, ha de notarse que ya los cortesanos, esto es, los allegados al rey, los que eran parte de la corte, cultivaron casi artísticamente la hipocresía. Los reyes tenían bufones. Estos tenían permitido decir lo indeseable, pero con humor. Eso indeseable era la verdad no admitida o la mentira y sus retruécanos de los cortesanos que más velaban por su intereses y beneficios que por el bien del rey o del pueblo. Los burgueses aprendieron bien de los cortesanos. Aparentan estar a favor de causas nobles, solidarizarse con los pobres por medio de campañas o fundaciones de beneficencia, pero de ninguna manera querrían estar en los zapatos de esos miserables. Más aún, esas acciones que solo aparentan filantropía, generosidad y solidaridad son engañosas. También fungen de medios para beneficiarse más allá de la fama y el honor que con ellas se atrae. Les benefician en el sentido en que les permiten eludir el fisco por medio de la deducción de impuestos. Así los cortesanos eludían sus responsabilidades.

 

La moral, la hipocresía y el mal

 

Mentir es decir cosas falsas como verdaderas, a sabiendas de que son falsas. Una vez que se descubre la mentira y la intención que la motiva, se descubre al hipócrita. Sus palabras, entonces, dicen más de él que de lo que predica. Como cuando alguien dice de algo que es inefable, no sólo dice que de eso nada puede decirse, sino que de eso no tiene más palabras que decir y esto puede ser por pura falta de léxico. La hipocresía del hipócrita vuelve sus palabras en su contra. Lo descubre como moralmente desorientado.

 

El hipócrita simula. La hipocresía es simulación, en el sentido en que una persona finge ser distinta de lo que es, como cuando el injusto quiere pasar por justo[10].Es propio de la virtud de la verdad manifestarse con signos exteriores tal cual uno es. Las palabras y las obras son estos tipos de signos. La mentira se opone a la verdad porque consiste en decir una cosa y pensar otra. Cosa semejante sucede en dar a entender una cosa con acciones u otras cosas acerca de uno mismo contrario a lo que realmente uno es. Esto es simular y también se opone a la verdad. La simulación es, entonces, una mentira expresada con hechos[11].El hipócrita es astuto. Lo propio de la (su) astucia es su diligencia para encontrar caminos para conseguir lo que se ha propuesto. De esto puede seguirse (irónicamente), en palabras de mi amigo Enrique Rodríguez, que la hipocresía sea un arte que, de hacerse bien, impide notar la apariencia. Un buen hipócrita (entiéndase aquel cuyo arte es de calidad) aparece como lo opuesto a lo que es, es decir, como transparente, sin contradicciones, sin doble cara, sin enmascaramiento. Al que le falla ese arte (o cuya calidad es deficiente, esto es, no se lo domina), aparece como un ser contradictorio y mezquino. En la hipocresía, como simulación y virtualidad, se es y no se es al mismo tiempo, se está y no se está. Cuando falla aparece su carácter negativo, en distinto órdenes, a saber, epistémico, moral y estético.Cuando la representación se torna presentación, se cae en el teatro y decepciona.

 

Ahora bien, la astucia del hipócrita se realiza por el dolo (malversación intencional) en las palabras y el fraude en la simplicidad. El dolo y el fraude se ordenan a engañar, en primer lugar, y a causar daño, en segundo lugar. El fraude se da porque rompe con la ilusión, con nuestra fe o nuestras expectativas. Se rompe el contrato con nuestra creencia. Por su parte, las virtudes de la simplicidad y la verdad se distinguen en que en ésta se manifiesta la concordancia entre los signos y lo significado mientras que en aquella, se manifiesta la ausencia de objetivos o intenciones diversas, no como ocurre con la hipocresía, que es pretender interiormente una cosa y manifestar externamente otra muy distinta[12].Hacer esto es simular. Oponerse a la verdad es oponerse al bien y a lo bueno. Y como nadie negará que la mentira es mala, ha de aceptar que la simulación, en particular la de la hipocresía, es, por tanto, también mala.

 

Nos podemos engañar (cometer error) con grave perjuicio, con perjuicio menor y con levísimo y aun a veces con algún provecho. Hay grave perjuicio cuando no creemos lo que nos conduce a la vida eterna y sí lo que nos lleva por el camino de la perdición. Con menor perjuicio hay engaño cuando se aprueba lo falso por verdadero y sobrevienen algunas desgracias temporales. Aunque la resignación (cristiana) puede convertirlas en utilidad propia, ya sea que se evite otro mal o se obtenga algún bien. Una cosa es tener por verdadero un camino equivocado, y otra, de este error, conseguir algún bien,como es librarse de asechanzas y peligros. Pero el error por sí mismo siempre es un mal, grande en cosas grandes y ligero en cosas de menor importancia. Por error se dice que no es un mal aprobar lo falso por verdadero o reprobar lo verdadero como falso[13],como hace el hipócrita. Este busca un bien y su bien haciendo un mal, esto es, confundiendo un mal con un bien, y por eso yerra doblemente. Yerra por elegir algo malo y por hacer algo malo. Y todo error es un mal. La hipocresía fractura la confianza. Es cierto. Pero antes quiebra la expectativa del que la descubre.

 

Se descubre la hipocresía cuando se identifica que no coinciden lo que se dice o lo que se hace con lo que se piensa o lo que se es. Las palabras ocultan lo que el hipócrita concibe en su mente. Los actos descubren esta incoherencia entre la palabra y el pensamiento (en sentido amplio: deseo,voluntad, interés). Y a la inversa. Se actúa de tal manera que las acciones contradicen los dichos, o estos a aquellas. Los actos son reflejo del alma,coinciden con ella, y traducidos a palabras, falsean los dichos iniciales. 

 

En nuestras vidas hemos sido hipócritas. Se tiene la experiencia de que no siempre se puede decir la verdad. Se concluye que no es, de hecho, socialmente deseable, hasta el punto de que resulta mejor creer que lo que se nos dice y vemos es verdadero. ¿Es hipocresía actuar como si nada pasara?, ¿se hace necesario, a veces, ser hipócrita en el sentido de simular que no pasa nada, esto es, a pesar del dolor o la injusticia o el desacuerdo, actuar o comportarse como si no doliera, no fuera injusto, se estuviera de acuerdo? No se trata de pura diplomacia. No es un recurso para llevar la fiesta en paz, aunque sí uno quiera no tener más graves problemas. Actuar como si ocurriera lo contrario es una forma de negación de la realidad que nos afecta. Uno se aguanta. No es tolerancia. Hay una comprensión de esa realidad negada,más porque se trata de una realidad humana la que es causa del dolor, la injusticia, entre otras cosas, y esa realidad es inconmovible, terca, necia, incapaz de entender que sus dichos y sus actos no son buenos. Y como no se quiere devolver mal por mal, se actúa como si no pasara nada. A pesar del enojo que provoca. Es como si uno no pudiera sincerarse con el otro. ¿Y con uno? Uno sabe que actúa así. Que los actos no coinciden con lo que se piensa. Que se miente, porque no se quiere dañar, aunque sí se engaña. No hay autoengaño. Uno sabe que la cosa no va bien, pero podría ir peor si la reacción coincidiera con el sentimiento o pensamiento producido por lo que hace el otro. Es triste y mucho no poder sincerarse sin incurrir en el patetismo o en el cinismo.

 

Se dice que “un niño y un borracho siempre dicen la verdad”. Cuando la dicen no hay máscaras. En el caso del niño no las hay por inocencia y en el caso del borracho, por desinhibición temporal. A este, incluso, se le disculpa su sinceridad, efecto del vino. Pero ni soy ya niño ni puedo estar siempre ebrio. No trato de justificarme. No en el sentido en el que normalmente se señala, esto es, el de dar una excusa o un pretexto que explique de una vez y para siempre por qué sucede lo que sucede y cómo sucede y así eximirme de actuar de tal o cual manera. Trato de entender. Y en ese sentido sí busco hacer justicia al tema. No es este uno de los temas del que uno fácilmente pueda desentenderse y quedar tranquilo pronto con cualquier explicación.

 

En la hipocresía la conciencia se (des)dobla porque se pliega y se duplica. Aun antes de decir o actuar, aunque sea por un momento, la conciencia se presenta ante sí las posibilidades de actuar o decir, sinceramente o no, según lo que se piensa respecto a los dichos y hechos del otro. En un instante imperceptible se evalúa lo mejor para uno. La evaluación se condiciona por el hábito. Conforme se ha actuado otras veces, y, por eso, conforme se ha aprendido a actuar, la evaluación resulta en una decisión que se traduce en palabras y acciones. Esta presentación de ambas posibilidades la conciencia la confirma en sus hábitos. La coherencia entre los actos y los pensamientos devuelve una tranquilidad y una paz internas, pero trae consigo lo opuesto externamente. Se inicia una guerra con el otro. Hay que señalarle y demostrarle que las cosas no deben ser así, como él las ha hecho. La incoherencia interna desdobla la conciencia, la enfrenta a sí misma. Uno no queda a gusto ni tranquilo. Pero, ya diferencia del caso anterior, se mantiene, por ese momento, al menos, esa endeble paz externa con el otro, que la mayoría de las veces, ni por enterado se da. La evaluación que hace la conciencia de los efectos de sincerarse o no externamente con sus actos considera no solo el mal recibido sino y también el mal posible a realizar. Por egoísmo se puede elegir hacer cualquiera de las opciones. Pero también uno, por razones opuestas al egoísmo, puede elegir cualquiera de ellas. ¿Tendrá que ver esto con eso de elegir el mal menor? , ¿el mal menor para quién? o, ¿para qué?

 

No quiero excusar mi pusilanimidad, debilidad o incapacidad moral de hacer justicia a los hechos por no querer tener más problemas. Lo que no quiero es ser malo. No quiero devolver mal por mal. Si voy a decir o actuar de tal manera que señale y haga valer la verdad contra el error del otro, no quiero hacerlo con el propósito de hacerle daño. Pero no quiero ser hipócrita y mucho menos serlo señalando la hipocresía de otros. La hipocresía es, pues, mala, porque hace daño. Me y nos hace daño. La decepción y el desánimo duelen. Provoca dolor. El mal, en primera instancia, se experimenta en el dolor o el sufrimiento. Más aún, es mala, porque me y nos hace malos. Esto es lo que verdaderamente la hace mala.

 

Me explico. La hipocresía de unos mueve a actuar de la misma manera a otros. En ese caso ya no sólo se recibe el mal de la hipocresía,sino que se contribuye en su realización. Este es el verdadero mal de la hipocresía, esto es, la maldad de ésta está en hacernos malos. La nota de la maldad es la perversión que ello acarrea. El mal de lo malo no importa cuál,en este caso la hipocresía, no está en el daño y el dolor que (me) provoca,sino en que (me) mueve a ser tan malo como el que más, haciendo el mal que se me hace en retribución vengativa. Esta es la trampa. El mal es tramposo. Si soy odiado, odio; si me mienten, miento; si me lastiman, lastimo. Hacerse partícipe del mal recibido haciéndolo sólo lo incrementa

[1] Cfr. Ortega y Gasset, J. (2005), El espectador I (1916) en Obras II. Madrid: Aguilar-Taurus, 2005, 153-262.

[2] Cfr. Platón (2003), Critón. Madrid: Gredos.

[3] Isidoro de Sevilla, Etimologías, 10.119-120

[4] Cfr. Hamman, A. G. (1989). La vida cotidiana en África del norte en tiempos de san Agustín. CETA.

[5] San Agustín, Sermón de la montaña, 2.2.5

[6] San Agustín, Réplica a Juliano, 2.8.29

[7] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Parte II-IIae q. 110 a. 1

[8] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Parte II-IIae q. 110 a. 2

[9] San Agustín, Sermón de la montaña, 1. 7. 18

[10] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Parte II-IIae q. 111 a. 2

[11] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Parte II-IIae q. 111 a. 1

[12] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Parte II-IIae q. 111 a. 3

[13] San Agustín, Manual de la fe, de la esperanza y de la caridad (Enquiridión). A Lorenzo 6. 19.